Nos obcecamos buscando a la desesperada las cosas que queremos, nos puede el ansia por lograr nuestros propositos sin esperar, vivimos sugestionados por el pensamiento de que debemos conseguirlo todo al momento, y a veces ese afán por encontrar lo que realmente buscamos nos juega malas pasadas, a veces lo que encontramos es algo parecido (o no tan parecido) y nos conformamos con ello, pero realmente no es lo que nos sirve, realmente no es lo que queremos.
Nos obligamos a buscar y buscar, en ocasiones forzando cosas por autoconvicción, engañandonos a nosotros mismos y alejandonos de lo que realmente queriamos.
Es como cuando quieres encontrar el mando de la tv a la desesperada, buscamos en la mesa, encima del sofá, en el mueble, el cesto de las revistas, pero no lo encontramos, nos topamos con todo tipo de mandos, el del aire acondiciomado, el de la minicadena, el del dvd, un mando que no sabes ni de que es pero que guardas "por si acaso"... todos ellos son mandos, todos sieven para activar y usar algo a distancia, pero ninguno sirve para conectar la tv. Finalmente optas por no cambiar de canal y conformarte (la vagueza de ir hasta el televisor y cambiar nos puede) y ya ni pensamos en el mando y nos adaptamos al programa que están dando, es ahí cuando, movido todo por la Ley de Murfy, aparece, cuando ya no lo buscabas, cuando menos lo esperas, aparece por sorpresa, y ahí esta, es el mando que buscabas, es lo que necesitabas, escondido entre el reposabrazos y el asiento, encontrado porque una palomita se te ha caído por ahi, y es entonces cuando tienes lo que querias.
Algo parecido sucede en la vida real, al margen de similes y metaforas, lejos de un cuento de un mando de tv, pero este mando nos enseña (o nos recuerda a quienes lo hayamos olvidado) que debemos dejar que todo fluya y dejarnos llevar y, sobre todo, que las cosas buenas aparecen cuando menos lo esperas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario