domingo, 24 de enero de 2016

Escuchar: un gesto muy pequeño, que puede ser un mundo para otros

Vivimos en una sociedad en la que parece que la gente no tiene empatía alguna, parece que las masas se mueven buscando únicamente el beneficio personal de cada uno de los individuos que las forman, parece que a nadie le importa si pisotea a otra persona para lograr sus objetivos o si las circunstancias que pasa otra persona la  hacen estar limitada, parece que ayudar está mal visto y que sentir un ápice de solidaridad está penado por la ley...

Creo que todo eso debería cambiar, que deberíamos concienciarnos, tratar de ser más solidarios, tratar de ponernos en la piel del otro y hacer lo que esté en nuestras manos por ayudar. Hay mucha gente, cercana a nosotros, entre nuestro familiares y amigos, incluso algún conocido, que tienen problemas, que pasan una mala racha o que quieren soltar lo que llevan dentro, y lo único que necesitan es alguien que les animes, que les de un consejo una opinión, que les saque de fiesta, que les lleve  a dar un paseo charlando para no pensar en el tema o simplemente alguien que les escuche y les deje desahogarse, algo tan sencillo como eso... 

¿Y de verdad es tan difícil? ¿Tanto cuesta escuchar a la gente? ¿Tan difícil es preocuparte por alguien y hacer que se sienta mejor? Sinceramente, yo creo que no, y no sólo lo creo, estoy seguro al 100%.
Escuchar a alguien no es una tarea pesada, escuchar a alguien es preocuparse por una persona cercana, es ver que le pasa, que le atormenta y dejar que lo suelte todo y se sienta mejor, es dedicar un rato a una persona que lo necesita y que agradecerá esa media hora o esa hora durante muchísimo tiempo... Que si una noche no ves la serie que te gusta, o no cotilleas las redes sociales o no estas jugando a un videojuego hasta las tantas y empleas ese tiempo en tratar de animar a alguien y hacer que se sienta reconfortado, no pasa nada, la serie, la red social y el videojuego van a seguir ahí después, mañana y toda la semana, la oportunidad de ayudar está en ese momento y si dejas que la otra  persona se hunda, mañana a lo mejor es tarde para reflotarla....

Así que vamos a pensar un poco más en quienes nos rodean, vamos a ponernos en la piel de las personas que tenemos cerca, vamos a tratar de ayudar (que sienta bien) y sobre todo vamos a escuchar, porque escuchar es un gesto muy pequeño pero puede ser un mundo para otros...

sábado, 23 de enero de 2016

Las apariencias, tópicos y prejuicios engañan

Muchas veces juzgamos los libros por su portada cuando lo realmente  importante está en el interior, salvo que queramos usarlos como mero elemento decorativo. Lo mismo hacemos con las personas, muchas veces por apariencias o por tópicos sobre su profesión o lo que estudia nos creamos una imagen completamente errónea y alejada de la realidad.

No todos los matemáticos son unos paliduchos empollones antisociales, ni todas las personas que estudian magisterio tienen pocas luces, ni todos los psicólogos saben afrontar sus problemas, ni todos los deportistas llevan una vida sana, no  todos los empresarios abusan de sus trabajadores, igual que un médico no tiene porqué vestir de punta en blanco y completamente formal... y así con un largo etcétera de ejemplos, todos ellos clichés y tópicos que tenemos asumidos y que no siempre son ciertos.
Hace falta conocer a una persona para poder opinar sobre ella, cada día lo tengo más claro y es que te puedes llevar gratas sorpresas, no todo en esta vida es lo que parece, a veces para bien y a veces para mal, pero nunca es lo que imaginas.

Podemos encontrar matemáticos fiesteros, maestras con una inteligencia envidiable, empresarios que tratan a sus empleados como a su familia, psicólogos hundidos en sus problemas y médicos con tatuajes y camisetas de Metallica que se preocupan lo mismo o más por sus pacientes que el de las apariencias formales....

Y es que, las apariencias, tópicos y prejuicios engañan.

Mi proposito es no ilusionarme

Muchas veces nos ilusionamos con algo, nos aferramos a ello y ansiamos que sea de tal manera y tome la dirección que nosotros queremos, pero desafortunadamente no siempre las cosas son como nosotros queremos y deseamos. A veces, lo que sucede es precisamente lo contrario, si buscabamos blanco encontramos negro, si damos girasoles sólo nos devuelven las cáscaras peladas de las pipas, si pedimos calor nos dan frío....

Por eso he optado por no ilusionarme, no si veo que no me es correspondido, no si no recibo, al menos, una parte de lo que siembro, no si pido agua y me dan desierto, no si doy mucho y no recibo nada... No quiero ilusionarme sin motivo y por algo que no me lleve a nada...

Cansa el llevarse una desilusión, cansan las negativas cuando esperas algo y confiabas en tenerlo pero al final tienes sólo aire, cansa perseguir algo que parece correr mas cuando te acercas.... Todo cansa, por mucha paciencia y perseverancia que tengas...
Así  que mi proposito es no ilusionarme y vivir el momento, sin pensar en nada más y dejando que todo fluya.

Las cosas buenas llegan cuando menos lo esperas

Nos obcecamos buscando a la desesperada las cosas que queremos, nos puede el ansia por lograr nuestros propositos sin esperar, vivimos sugestionados por el pensamiento de que debemos conseguirlo todo al momento, y a veces ese afán por encontrar lo que realmente buscamos nos juega malas pasadas, a veces lo que encontramos es algo parecido (o no tan parecido) y nos conformamos con ello, pero realmente no es lo que nos sirve, realmente no es lo que queremos.

Nos obligamos a buscar y buscar, en ocasiones forzando cosas por autoconvicción, engañandonos a nosotros mismos y alejandonos de lo que realmente queriamos.

Es como cuando quieres encontrar el mando de la tv a la desesperada, buscamos en la mesa, encima del sofá, en el mueble, el cesto de las revistas, pero no lo encontramos, nos topamos con todo tipo de mandos, el del aire acondiciomado, el de la minicadena, el del dvd, un mando que no sabes ni de que es pero que guardas "por si acaso"... todos ellos son mandos, todos sieven para activar y usar algo a distancia, pero ninguno sirve para conectar la tv. Finalmente optas por no cambiar de canal y conformarte (la vagueza de ir hasta el televisor y cambiar nos puede) y ya ni pensamos en el mando y nos adaptamos al programa que están dando, es ahí cuando, movido todo por la Ley de Murfy, aparece, cuando ya no lo buscabas, cuando menos lo esperas, aparece por sorpresa, y ahí esta, es el mando que buscabas, es lo que necesitabas, escondido entre el reposabrazos y el asiento, encontrado porque una palomita se te ha caído por ahi, y es entonces cuando tienes lo que querias.

Algo parecido sucede en la vida real, al margen de similes y metaforas, lejos de un cuento de un mando de tv, pero este mando nos enseña (o nos recuerda a quienes lo hayamos olvidado) que debemos dejar que todo fluya y dejarnos llevar y, sobre todo, que las cosas buenas aparecen cuando menos lo esperas.