martes, 17 de noviembre de 2015

Creo que no me equivoco si digo que yo tengo a los mejores

Existe un tipo de personas, una especie distinta podríamos decir, que tiene una serie de peculiaridades como son: escuchar rollos, rayadas, penas y divagaciones, levantar el ánimo cuando éste está hundido, dar los abrazos más sinceros y reconfortantes que existen en el mundo (y además en el momento justo), sacarte de tu casa y conseguir que acabes bailando y riéndote cuando no tienes fuerzas ni para levantarte del sofá, dar consejos que valen millones y estar ahí siempre que se les necesita... entre muchísimas otras, que me faltaría blog para escribirlas.

Esta especie habita entre nosotros y se camuflan muy bien, son maestros del disfraz y aparentan ser personas normales y corrientes, pero puedo asegurar que no lo son, son seres que valen su peso en oro, que no cambiaría por absolutamente nada en el mundo, que me siento privilegiado por contar con seres de estos en mi vida y que de verdad son los mejores seres que te puedes encontrar...

Estos seres, creo que más de uno ya sabrá por donde voy, son esos amigos que nunca te dejan caer, los que llevan siempre encima una grúa para levantar los ánimos y un sacacorchos para sacar una sonrisa, los que te hacen quedarte hasta las tantas de fiesta, riendo o simplemente hablando... Esos seres son los verdaderos amigos, y creo que no me equivoco si digo que yo tengo a los mejores.

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